2024-02-18
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Dolarizarse encima: pesos, champán, carry trade y un superávit flojo de papeles



No fue hace tanto tiempo, dólar incluido. En noviembre de 2023, el día 9, la vicepresidenta Victoria Villarruel fue contundente. En pleno debate de candidatos a la vicepresidencia, y ante un dubitativo Agustín Rossi, la entonces candidata de La Libertad Avanza (LLA) avisó que la idea económica del futuro y eventual gobierno mileísta era dolarizar la economía.

Sin embargo, lo más llamativo en esa ocasión fue que la candidata mencionó que la idea era hacerlo en base a los “ahorros de los argentinos”. A pesar del escepticismo generalizado que surgió después de esa declaración, lo interesante del asunto es que todas las medidas económicas llevadas a cabo por el presidente Milei & Co parecen acomodarse para darle entidad a esa promesa.
"Los argentinos ahorran en dólares y Argentina es el tercer poseedor de cantidad de dólares físicos", había dicho Villarroel en aquél momento y hasta había agregado: "vamos a crear las condiciones de confiablidad para que los argentinos decidan utilizar sus dólares en nuestro país, puedan comprar, puedan invertir y hacer su proyecto de vida acá sin salir exiliados como está ocurriendo hasta ahora".

Por supuesto, la “confiabilidad” parece haber trocado, por lo pronto, en necesidad y oportunismo. Por un lado, la escalada de medidas económicas -devaluación incluida- ha impulsado el costo de vida promedio hasta ubicarse en niveles inéditos haciendo que amplios sectores de la sociedad comiencen a trocar sus ahorros en dólares por pesos para pagar esos incrementos, toda una metáfora.

Por otro, en materia de oportunismo, existe un grupo de fondos de inversión que han lanzado su apuesta de corto plazo ingresando dólares para colocar el dinero (pesos) a tasa de interés bajo la certeza de que el crawling peg del 2% mensual les deja una ventana para hacer la bicicleta. He ahí una razón (sumado a la colocación del Bopreal) y la licuación de la base monetaria, para la baja del dólar en los últimos días, que lo ubicó en la zona de los $1100 tanto al dólar blue, como al CCL y el MEP.

El BCRA, los dólares y la tasa
La resultante es que el BCRA sigue comprando dólares a un ritmo singular. Piedra libre para los u$s7.000 millones adquiridos por el titular del Central, Santiago Bausili y mencionados por el presidente Milei en una entrevista con el tridente oficialista Trebucq-Majul-Rossi hace algunos días. Horas después, el mismo tridente festejó la noticia del superávit financiero del Gobierno sin consultar siquiera a cuánto ascendían las partidas del presupuesto subejecutadas en materia de Salud, Educación, Acción Social, Energía, Transporte sumado al virtual congelamiento de jubilaciones, pensiones y salarios.

De las dos formas de reducir el gasto público, el Gobierno ha optado por licuarlo, manteniéndolo congelado en términos nominales y dejando que la inflación haga el trabajo sucio. La pregunta es qué tipo de administración del Estado podrá hacer el Gobierno, teniendo en cuenta que esas estructuras supuestamente deficitarias permanecen inalteradas, aunque se van desfinanciando cada vez más.

Pagar salarios estatales cada vez más bajos difícilmente logre una mejor performance de los asuntos públicos, de la misma forma que una reducción de las jubilaciones y las transferencias a las provincias puede decantar en una crisis social de proporciones inusitadas algo que, por supuesto, haría “menos sustentable” el superávit.

El sacrificio social
Un sector de la sociedad asistiría así al raro espectáculo de mensurar cuánto tiempo se puede aguantar para que la foto del Gobierno salga lo más prolija posible, cuando debiera darse la inversa: una mejora sustancial de la eficiencia en las estructuras del Estado en base a las reformas comprometidas y, hasta ahora, no realizadas.

Lo dijo el economista Carlos Rodríguez de una forma muy contundente: “El sector financiero está bailando en dos patas arriba de la mesa, festejando con champán. La que no está festejando es la gente, no han subido sueldos, jubilaciones y los precios treparon 50% en dos meses”.

La novedad es que esto podría continuar en el tiempo. Mientras el ministro Caputo emite bonos a 3 y 4 años a tasa negativa, utiliza esos recursos para recomprar bonos en dólares y mejor así las paridades -y reducir la base monetaria-, la dañina paradoja es que la dolarización que votó la clase media podría realizarse a instancias del poder adquisitivo del salario, las jubilaciones y de los dólares atesorados pacientemente al calor inflacionario de los últimos años que, como si se tratase de un juego de suma cero.

El desconcierto es importante. Lo sufren los ciudadanos de a pie, los ahorristas, pero también aquellos actores económicos -empresarios, sindicatos, partidos políticos- que buscan tomarle el pulso al Gobierno. ¿Vamos camino a una economía dolarizada? De hecho, ayer, Milei tomó contacto y retwiteó una nota periodística que mencionaba la necesidad de la clase media de afrontar la crisis de ingresos y de poder adquisitivo vendiendo sus ahorros en dólares.

¿Es el famoso plan de estabilización que comienza a ser convalidado políticamente? La ecuación se refuerza por partida doble: mientras el valor del dólar avanza, en pesos, al 2% mensual, el costo de vida pega saltos que son, por lo menos, diez veces más grande. Todo ello edifica la pregunta: ¿puede el Gobierno ceder nuevamente a una devaluación? ¿No generaría eso aún más inflación? ¿Y eso? ¿Cuál sería la reacción del ciudadano ante semejante sustracción de los ingresos reales?

Nota:Por Julián Guarino
DIRECTOR DE ÁMBITO FINANCIERO.







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